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Para recuperar el tiempo perdido ser eficientes es la clave

Martes, 27 Octubre 2020

 

El momento llegó. Es el tiempo de cambiar la historia de indiferencia ante el mar para comenzar a darle la importancia que siempre ha merecido. Lo que está viviendo la industria portuaria local parece mostrar el camino.

A pesar de las dificultades actuales por los efectos de la pandemia, hoy -como nunca antes- es indiscutible la consolidación de la infraestructura portuaria y logística de Cartagena como una de las más modernas y dinámicas del Gran Caribe y de toda Latinoamérica, un posicionamiento que le ha valido el reconocimiento mundial.

Las dos últimas entregas del Informe sobre el Transporte Marítimo elaborado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) destacan que Cartagena es el puerto más conectado en América Central y el Caribe. Así mismo, el ranking anual de Lloyd’s List acaba de ubicar a las terminales del Grupo Puerto de Cartagena (Contecar y SPRC) en el puesto 60 de su Top 100 de los puertos de contenedores más grandes del mundo, siendo las únicas de Colombia en ese exigente listado. En ese mismo orden, la Caribbean Shipping Association (CSA) ha distinguido en diez ocasiones al Grupo Puerto de Cartagena como el mejor puerto del Caribe.

La ciudad se posiciona hoy como el principal puerto exportador del país y mueve más del 60% del comercio bilateral con Estados Unidos. Es, según la Superintendencia de Puertos, la zona portuaria con mayor número de contenedores manejados en Colombia, aglutinando el 67% del total de TEU (contenedores de 20 pies) movilizado en el país.

Las proyecciones hablan de movilizar en próximos años más de 5.5 millones de contenedores anuales, para convertirse en el principal puerto de transbordo del continente.

En el ámbito turístico, pese a la larga pausa que hoy padece el sector por las medidas de aislamiento social, Cartagena se ganó a pulso un sitial de privilegio en las rutas de cruceros por el Caribe.

Estos hechos, cifras y proyecciones son bastante halagadores y corroboran la premisa inicial según la cual el tiempo oportuno para que Cartagena aproveche esta vocación marítima y portuaria es justo ahora.

El desafío es grande, toda vez que la competencia internacional crece día a día. Cada vez más puertos en Centroamérica, el Gran Caribe y Suramérica ofrecen nuevas y versátiles soluciones para el negocio del transporte de mercancías y para la industria turística.

Es una circunstancia exigente que llama a reflexiones, debates y acciones urgentes para hacer frente a los influjos del comercio marítimo y del turismo internacional, de manera que se potencien las posibilidades de desarrollo de la ciudad y de toda la región.

A UNIR EFICIENCIAS

La realidad obliga a ser más eficientes, no sólo como puerto, sino como ciudad.

Con la autoridad que otorga el rigor investigativo y el conocimiento del contexto continental, el doctor en Historia de América Latina y el Caribe, Alfonso Múnera Cavadía, ha dicho una y otra vez que el país le ha dado la espalda al mar.

Múnera, ex secretario general de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), ex embajador de Colombia ante el gobierno de Trinidad y Tobago y ex vicerrector de Investigaciones de la Universidad de Cartagena, advierte que “en el resto del mundo, los países costeros le rinden tributo al mar y lo hacen productivo. Sus gobiernos viven de sus puertos, de su turismo y de los productos de sus océanos”.

Lo que ha pasado en Colombia es, en cambio, que la gran industria nacional se instaló muy lejos del mar y sus sucursales o compañías filiales quedaron también muy distantes de las ciudades puerto.

Eso ha traído consigo la desconexión de los centros de producción ubicados en Bogotá y otras ciudades del interior del país, con respecto a los puertos. A este hecho se añade la frágil estructura de carreteras nacionales, que incluso hoy con algunas mejoras, hace más caro un flete del interior a la Costa en comparación con uno de Cartagena a cualquier puerto de Asia.

Capítulo aparte merece la triste historia de un sistema de ferrocarriles flaco, pequeño y poco funcional. Y desde el plano local o regional, ha faltado política pública para preservar y sacarle provecho de manera sostenible al mar, salvo algunos esfuerzos en el aspecto turístico.

Tanto las infraestructuras portuarias y sus servicios, como los gobiernos y cada uno de los que hacen parte de esta gran cadena de sectores productivos con alguna incidencia en el mar, están llamados a unir esfuerzos para hacer de la eficiencia una norma.

Es propicio unir voluntades desde los ámbitos públicos y privados, nacionales, regionales y locales, para aprovechar las oportunidades que significan tener un puerto con tan buenas credenciales en el ámbito internacional.

LA RESPONSABILIDAD DE LA ACADEMIA

En esa asignatura pendiente con el mar, la academia tiene una cuota de responsabilidad.

En efecto, el sistema educativo colombiano quizá no ha visto que hay suficiente mar para aprender.

En el Seminario Web ‘Cartagena y el Caribe, una historia marítima’, realizado por el Grupo Puerto de Cartagena entre el 23 de julio y el 10 de septiembre de este año, Múnera Cavadía fue contundente al apreciar que la academia centralizó el estudio y el conocimiento, siguiendo los patrones de conducta del país.

En efecto, durante todo el Siglo XX y gran parte de lo que va del Siglo XXI la mayor oferta de programas académicos de pregrado y postgrado relacionados con los ámbitos marítimo, portuario y logístico ha estado concentrada en universidades del interior del país o en las escuelas navales del Estado, con su visión militar.

A ello Múnera agrega que “no ha habido estudios o investigaciones que den cuenta de un real interés de las instituciones universitarias de la ciudad y la región por el mar Caribe”.

Según afirmó, en los estudios históricos de Colombia, incluso desde el Siglo XIX, no existe un solo documento que se plantee los problemas de la Costa Caribe colombiana. “Es como si no existiéramos”, apuntó.

Subrayó que le resulta absurdo que no exista, por ejemplo, un estudio serio hecho en Colombia sobre la historia económica de lo que representó la separación de Panamá.

“En nuestras universidades tenemos que hacer menos foros sobre Europa y preocuparnos más por el Caribe colombiano; saber más de él, conocer en detalle lo que no nos funcionó y explorar mejor hacia dónde podemos ir. Esa es una responsabilidad que, sin duda, tiene la academia”, puntualizó.

Es indispensable que las nuevas generaciones conozcan de primera mano la trascendencia histórica de Cartagena como puerto importante desde las épocas de la conquista, así como las dinámicas de crecimiento y desarrollo del comercio internacional, la industria global y el turismo de cruceros por esta ciudad.

En ese sentido, han faltado iniciativas locales que faciliten el acceso al conocimiento del mar, como –por citar un solo ejemplo– promover una cátedra del mar, cátedra del Caribe o cátedra portuaria como una materia obligatoria en el plan de estudios de los colegios y universidades de la ciudad, para que los niños, jóvenes y profesionales conozcan y valoren su verdadero entorno y entiendan las posibilidades que este les ofrece; porque una inmensa mayoría de nuestros jóvenes no conoce su mar y, en ese orden, ignoran la esencia de su ciudad.

A manera de ejemplo, Múnera exaltó la trayectoria de la Universidad Marítima Internacional de Panamá, que se ha constituido en un modelo a seguir en todo el continente.

DESPERTANDO

El ex secretario general de la AEC destaca que en los años recientes “las nuevas generaciones de economistas e historiadores del Caribe colombiano han empezado a mirar el país de otra manera. Y aunque no es suficiente aún, ya se están explorando otras discusiones desde el Caribe”.

En esa dirección parecen orientarse varias acciones concretas que muestran un interés reciente del sector académico local por recuperar el tiempo perdido con respecto al mar.

Recientemente, la apertura de nuevos programas académicos relacionados con operación naval, logística y portuaria; el funcionamiento de observatorios, institutos, centros, grupos de investigación; y la oferta de cátedras permanentes o de temporada, cuyo objeto de estudio es precisamente el mar o las actividades marítimas.

Múnera resaltó el funcionamiento del Centro de Entrenamiento Logístico y Portuario del Grupo Puerto de Cartagena, una completa infraestructura de salones y auditorios con ayudas pedagógicas de vanguardia, equipos simuladores y con una robusta estructura académica, que garantiza a los trabajadores del sector portuario de la región una formación de nivel muy superior, en un esfuerzo digno de imitar.

Ojalá esos recientes esfuerzos sean sostenidos y permitan acciones que, desde diferentes escenarios, reivindiquen al mar y a la ciudad puerto como auténtico eje de desarrollo social, económico y cultural de todo el país.

 

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