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El Oasis Portuario

Los cruceristas que desembarcan en el Puerto de Cartagena se llevarán una gran sorpresa al encontrarse, de repente, en un inesperado espacio lleno de árboles y 700 animales de 74 especies diferentes. Así los recibe la ciudad. Ellos jamás lo olvidarán.

Cuando a un crucerista le hablan de Cartagena de Indias, de inmediato piensa en balcones coloniales, fortificaciones, ingeniería militar española conservada y en la ciudad más fotogénica de Colombia. Los viajeros se la imaginan, y con razón, como un lugar que forma parte del realismo mágico recreado por Gabriel García Márquez. Y quieren descubrir todo ese patrimonio cultural y arquitectónico que, como lo declaró la Unesco hace ya 33 años, tiene un “valor universal excepcional”.

Los visitantes que arriban por mar al Distrito pueden divisar desde sus cruceros las cúpulas de las iglesias del centro histórico y un tramo de muralla que bordea ese espacio que parece detenido en el tiempo. Ese golpe de vista despertará la curiosidad de los turistas que bajarán por el muelle y buscarán un transporte que los lleve a ese destino. Pero durante su trayecto se llevarán una sorpresa. Mientras caminan hallarán un letrero colorido que les da la bienvenida y un follaje exuberante que se asoma. Con cada paso el paisaje se torna más llamativo y, de repente, animales ‘exóticos’, libres, revolotean por el lugar como si se tratara de otro mundo, uno donde las personas son las invitadas, y los animales, anfitriones.

Es un ecosistema inusual que tiene otro clima gracias a la vegetación allí presente. Hay árboles de caucho con casi 100 años de vida, palmas, guaduas, robles, almendros y mangos, entre más de 90 especies de plantas. Todas son cuidadas con el propósito de exaltar la belleza y la riqueza natural de Colombia.

El amarillo de la heliconia contrasta con la iridiscencia de la viola tricolor, también conocida como ‘pensamientos’, que quizá sea alguna alusión a su permanencia en el recuerdo; no se sabe, lo que sí es cierto es que los cruceristas ya estarán hipnotizados por los colores, el aire y la alegría de aquel curioso lugar que los conecta con la vida.

La fascinación no decae. Ahí está el sobrio cisne negro, los coreográficos flamencos rosados, una iguana gigante que se cruza en el camino de los viajeros, los pavos reales y sus plumajes, cientos de guacamayas – algunas, pícaras, querrán quitarles los aretes a los visitantes–. Monos y ardillas saltan de una rama a otra, azulejos, toches, tucanes, cigüeñas, búhos, venados y osos hormigueros se encuentran en un jardín de 1.000 metros cuadrados que el Grupo Puerto de Cartagena ha adecuado, en su compromiso y cuidado con el medioambiente, y como atractivo para los turistas de cruceros.

Allí se estableció un zoológico con licencia del Establecimiento Público Ambiental (EPA) para la tenencia y protección de animales, a los cuales se les proporciona un hábitat saludable y los cuidados para su conservación y reproducción.

Este espacio se conoce como el Oasis Portuario, es habitado por más de 700 animales, de 74 diversas especies; algunas de ellas en vías de extinción que, con la mística y el amor de los cuidadores del lugar, han logrado reproducirse aquí. Después de muchos intentos, un cisne negro, un flamenco, varias cacatúas y guacamayas han tenido sus crías.

Los viajeros quedan encantados. Es una aventura inesperada y el contraste perfecto para una visita que combina la majestuosa infraestructura colonial, con la inmensa riqueza natural. La experiencia que tendrán en Cartagena es única y mágica, así la describen, así la cuentan.

¡AL RESCATE!

Este oasis se fundamenta en tres pilares: la conservación, la investigación y la educación. De las 74 especies de animales que alberga, tres se encuentran en peligro crítico de extinción según la UICN: el paujil piquiazul (Crax alberti), el tití cabeciblanco (Saguinus oedipus) y el tití gris (Sanguinus leucopus). Con ellos se adelanta un trabajo especializado para su conservación.