Menú
Plataforma logística y portuaria del Caribe
Logo Puerto de Cartagena SPRC Logo Contecar

Actualidad

27 | 11 | 2019
Por:
Juan Gossaín

Son casi las seis de la tarde.

Está llegando ya la sobretarde, ese pequeño espacio que separa la última luz del día de las primeras sombras de la noche. Allá al fondo, en los confines del horizonte, al otro lado de la playa y de la isla de Tierrabomba, va cayendo el sol de los venados, el sol del ocaso, rojizo y gigantesco. Se le nota cansado por el largo viaje que ha hecho a través del cielo, a lo largo del día, de una punta a la otra. Ahora se mete entre las últimas nubes, las más bajitas, para luego descender hacia el mar, desaparecer, darse un baño reparador y después irse a dormir. Le deseo que descanse.

En ese preciso momento yo regreso navegando a la bahía de Cartagena. A mi izquierda se alinean los edificios de apartamentos y el faro del Club Naval. El oleaje está encrespado por los primeros vientos del anochecer. El agua tiene espuma.

Al fondo veo la cúpula de la nueva iglesia de Bocagrande y a la derecha, bahía de por medio, diviso la mole majestuosa de la Sociedad Portuaria. Las grúas gigantescas, de color azul, que solo se inclinan reverentes ante el mar. Ahí es donde descargan esos barcos modernos que veo pasar todos los días y que son tan enormes que cuando su proa entra a la bahía, la popa apenas viene cruzando el Canal de Panamá. Las grúas, los barcos interminables, los contenedores repletos de toneladas. ¿Y la gente?

Es entonces cuando pienso que por encima de todo, en medio de tanto avance y de tanta tecnología, los más importantes son los seres humanos. El progreso, al fin y al cabo, es obra de la gente.