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Plataforma logística y portuaria del Caribe
Puerto de Cartagena Contecar

Una Mirada sobre el Caribe

Por: 
Alfonso Múnera

El secretario General de la Asociación de Estados del Caribe nos presenta una radiografía de lo que está pasando en una región de vital importancia política y económica para las diferentes potencias mundiales.

Una mirada a la geografía humana descubre un conjunto de paradojas fascinantes, entre las cuales una de las más llamativas podría ser la que cifra toda la historia del Caribe: situados sus pobladores en pequeños y pequeñísimos territorios en el centro mismo del mundo, bañados por un mar de esplendente belleza, han sido, aún en contra de su voluntad y a pesar de su exiguo número, actores fundamentales de la modernidad. No es posible escribir la historia del capitalismo, tal y como lo explicó magistralmente Eric Williams, sin destacar el papel de las antiguas colonias de las Indias Occidentales. Aquí, no me detendré en Barbados, un caso casi siempre soslayado y bien documentado por Pedro L. Welch, una islita que, a mediados del siglo XVII y colocada al extremo Este del mar nuestro, es un emporio comercial cuyas exportaciones eran superiores a las de Boston, New York y Filadelfia juntos.

Desde los orígenes mismos del capitalismo y la modernidad hasta los tiempos actuales ese, a veces abigarrado y otras veces disperso, conjunto de islas mayores y menores del mar Caribe, sumadas al extenso litoral de sus costas continentales, ha sido escenario clave de la geopolítica y la economía mundiales. El que una buena parte de los colombianos hayamos ignorado y sigamos ignorando esta verdad elemental no la hace menos importante en sus consecuencias sobre nuestra propia historia. En realidad, lo único que pone en evidencia es lo terca que puede ser la ignorancia.

Hoy en el Gran Caribe, como en el pasado, están sucediendo muchas cosas importantes que ejercen influencia preponderante sobre la política, la economía y la vida en general de los colombianos, lo que debiera, al menos, obligarnos a dirigir una mirada más atenta y más analítica a lo que allí pasa y que tiene tanto que ver con nosotros. Voy a referirme sólo a algunos de los hechos más destacables. Comenzaré por mencionar apenas lo que es hoy tema diario en los medios de comunicación: las difíciles y tensas relaciones de vecindad caribeña con algunas de nuestras naciones hermanas, cuyas consecuencias últimas no estamos ni siquiera en capacidad de predecir, pero que tienen la potencialidad de convertirse en un hecho central de la geopolítica internacional.

La expansión del Canal de Panamá y el grado superlativo de las inversiones de grandes jugadores de la economía mundial, por otro lado, son hechos relevantes de la economía regional contemporánea. La apertura del tercer juego de esclusas del canal panameño ha desatado una carrera cada vez más acelerada para lograr ventajas competitivas mediante la puesta en marcha de procesos muy costosos de adecuación de los puertos del Caribe. Nada es totalmente claro en este escenario, excepto que los países que no actúen con la velocidad necesaria para asegurar una posición favorable en este entorno muy disputado se verán seriamente afectados en su capacidad de competir en el mundo globalizado. Colombia no es la excepción y goza de ciertas ventajas comparativas que no debería perder.

Las inversiones chinas merecen atención especial: una síntesis muy apretada y no del todo completa de datos recogidos por el equipo de jóvenes investigadores de la AEC muestra lo siguiente: en al menos 10 naciones del Gran Caribe estas inversiones son de alto impacto sobre el comercio y el turismo debido al desarrollo de obras de infraestructura que van desde la construcción de grandes puertos hasta sofisticados hoteles, incluyendo puentes, carreteras y aeropuertos internacionales. Su excepcional posición geográfica hace del Caribe lugar privilegiado del tránsito mundial de mercancías y de inversión de capitales. En lo que se ha dado en llamar la regionalización del capital, establecerse en su territorio para una potencia emergente como China, situada a distancias enormes de los mercados europeos y norteamericanos, es un asunto de la mayor importancia.

¿Y Brasil y México? Ciertamente, como ha sucedido en este último año con China, la desaceleración de la economía, la caída de los precios del petróleo y otras dificultades de orden interno, han menguado el ritmo de la participación de estos dos grandes estados. Pero no deberíamos olvidar que Brasil financió por un valor de más de 800 millones de dólares la construcción del puerto de Mariel y su zona de expansión logística en Cuba. Además de su capacidad, que se remonta a los años noventa del pasado siglo, de realizar grandes negocios con las islas caribeñas. México ha desarrollado una formidable y ambiciosa política de estrechamiento de sus relaciones con el Caribe. Hace apenas un mes estuve en un magnífico evento organizado por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, con la participación de los Secretarios Generales de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), la Comunidad del Caribe (Caricom) y la Organización de las Islas Orientales (OECO), evento en el que se analizaron los importantes avances en las relaciones de esta nación con los países y territorios del Caribe en los últimos diez años, y en particular los grandes proyectos que desarrolla México en el seno de dichas organizaciones. Lo que más me llamó la atención fue la manera cómo se ha transformado y avanza  muy positivamente la política mexicana para las inversiones en Cuba.

Nada de lo anterior debería hacernos olvidar el papel predominante que sigue teniendo los Estados Unidos en los asuntos del Gran Caribe, y, en particular, su ambicioso proyecto de financiar la transformación de las islas hacia el uso de energías alternativas. Una rápida mirada al entorno gran caribeño muestra el peso de los Estados Unidos en el comercio en su conjunto: según cifras de Trade Map, alrededor del 79 por ciento de las exportaciones totales en 2014 de los 25 países miembros de la AEC va dirigido a los Estados Unidos. Y sólo un poco más del 5 por ciento a China. En materia de importaciones a la región, un 56 por ciento proviene de los Estados Unidos y aproximadamente el 20 por ciento de China.

Y tampoco es de ignorar el gran acontecimiento que transcurre hoy ante nuestros ojos, que parecía imposible hasta hace apenas unos pocos meses: la reapertura en firme de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Aquí cabría toda clase de análisis y predicciones. Baste, sin embargo, con resaltar sus efectos positivos para los procesos de integración y cooperación en el Gran Caribe y para la expansión y mayor dinamismo de su comercio.

Venezuela define hoy en muchos sentidos la geopolítica del Caribe. Su identidad de nación caribe está claramente resuelta desde el nacimiento mismo de la república, y sus relaciones con las islas de la Cuenca del Caribe han sido construidas a profundidad, sobre todo desde la segunda mitad del siglo pasado. Petrocaribe y Alba son dos organismos a los que pertenece un buen número de países caribeños y en los que Venezuela es protagonista principal en el diseño de una política de colaboración económica.

La industria turística es, por otra parte, tan importante en la región que es de sobra conocido el papel fundamental que juega como factor decisivo en la generación de empleos, en especial para los sectores más pobres, y en el ingreso de divisas. De lo que quizás se sabe menos es sobre la enorme importancia que tiene hoy esta actividad económica en los países más grandes, tales como México y Colombia. Vale la pena señalar que es muy probable que el turismo sea en los próximos años el segundo renglón en materia de generación de divisas en nuestro país. Y en México, declaraciones recientes registran el hecho de que los ingresos de la industria turística han permitido, en lo que va de este año, aliviar en forma significativa el vacío dejado por la caída de los precios del petróleo.

Los efectos negativos del cambio climático, sin embargo, unido a otros fenómenos estrechamente relacionados, como la mayor intensidad de huracanes, terremotos y tormentas, debilitan gravemente las economías del Caribe y las exponen a grandes riesgos, de los cuales no está exento nuestro país. A lo anterior, sólo bastaría añadir la fuerte preocupación que se siente en la cuenca caribeña con la reciente invasión en niveles insospechados en sus playas del sargazo, el rápido deterioro de los bancos de corales, la proliferación del pez león y la erosión costera, cuyos impactos sobre la industria turística podrían ser más que alarmantes.

Por su historia y geografía Colombia pertenece al Caribe. Cada vez más, los desarrollos económicos y políticos que se producen con extraordinario dinamismo en esta región influyen en alto grado en nuestra situación presente y, sobre todo, futura. ¿Tenemos plena conciencia los colombianos de ello? No estoy seguro.