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Luces y sombras

Por: 
Carlos Ronderos*

Cuál será el papel de las economías emergentes en el mediano y corto plazo, en los que se vislumbra el dinamismo de países asiáticos y Estados Unidos, y solo el de algunos pocos de Latinoamérica.

En los primeros años del presente siglo, las economías que jalonan el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial han sufrido una desaceleración que obliga a preguntarse dónde estarán, en las próximas dos o tres décadas, las fuerzas que impulsarán el planeta.

El mundo no ha logrado recuperarse de la recesión de 2008-2009, pues por un lado las economías más desarrolladas no han consolidado una senda de crecimiento sostenido a pesar de los mejores indicadores de la economía norteamericana, mientras los países emergentes, que fueron motor fundamental durante ese período, se han visto obligados a reducir su ritmo de crecimiento.

La economía mundial creció entre 2004 y 2007 a una tasa promedio ligeramente superior al 4 por ciento, pero por la crisis cayó a 1.8 para 2008 y en 2009 se dio el primer crecimiento negativo del siglo de -1,6 por ciento. La dinámica que aún quedaba en los países emergentes permitió una rápida recuperación en 2010, cuando la cifra fue de 4,35 por ciento. Pero dicho crecimiento no era sostenible, y el debilitamiento de las economías emergentes y la caída en los precios de los commodities hicieron que para los años siguientes se redujeran estas cifras a un promedio de 2,5 por ciento entre 2012 y 2015.

La prensa mundial había señalado a los BRICS –grupo de países integrado por Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica– como las estrellas nacientes de la economía, y ellos permitieron que el mundo creciera en los últimos años del siglo pasado y los primeros de este. No obstante, para 2015 casi todas estas naciones sufrieron reveses económicos significativos. Brasil y Rusia acusaron tasas de crecimiento negativas, mientras Suráfrica creció un exiguo de 1,3 por ciento. China, que muestra una cifra que luciría atractiva para cualquier otro país, refleja una marcada desaceleración con respecto a años anteriores. Una sola estrella brilla: India, con un crecimiento de 7,6 por ciento sostenido y en expansión.

Los países que más crecieron en 2015 son los de menores ingresos pero, a medida que lo hacen, las tasas de crecimiento tienden a reducirse. Y el grupo de naciones de ingresos medios bajos registró la tasa más alta en 2015, con un saludable 5,5 por ciento. Esta cifra no es sorprendente si se tiene en cuenta el pobre desempeño de algunas economías emergentes de ingresos medio y medio alto, entre las que se encuentran no solo los BRICS sino muchos de los países latinoamericanos incluyendo Argentina con crecimiento negativo, Colombia con 3.1 por ciento –cerca del promedio de los países de ingreso medio– y México, con 2,7 por ciento por debajo de los ingresos de su grupo medio alto. Las cifras de los países ricos se reflejan también en esa tabla. La Unión Europea creció un 1,9 por ciento en 2015, Japón 0,5 por ciento y, Estados Unidos, 2,4 por ciento.

Estas cifras plantean dos interrogantes. El primero es si los dinamizadores de la economía mundial son y serán las economías de menores ingresos, y una segunda es si esto es indicativo de que la brecha entre ricos y pobres se está cerrando. La respuesta a estas dos preguntas en curiosamente sí y no, y ello por cuanto ambos interrogantes pueden contestarse afirmativa o negativamente según el tamaño de las economías. Es cierto que la dinamización vendrá de países de ingresos medio y medio altos y que la brecha entre estos y los ricos se irá acortando para los de mayor tamaño y población como China, México, India y Brasil, y no así para muchos otros en los que, por su reducido tamaño, las mayores cifras de crecimiento no logran este cometido. 

En 2015, la economía mundial creció un 2,4 por ciento y la de los Estados Unidos fue responsable del 23 por ciento de este crecimiento.O sea que contribuyó con el 0,6 por ciento, mientras que China lo hizo con la tercera parte. Según The Wall Street Journal,“ la expectativa de crecimiento de la economía mundial para los próximos tres años, según cifras del Banco Mundial, estará alrededor del 3 por ciento. Se espera que Estados Unidos contribuya con casi el 20 por ciento de ese crecimiento, cayendo a 17,4 por ciento en 2017 y a 15,7 por ciento en 2018. La contribución de China caerá del 27,6 por ciento en 2016 a 26,4 por ciento en 2018, y por tanto serán países diferentes a esos dos y la Eurozona los que aporten el dinamismo a la economía mundial en los próximos tres años”.

Hoy, después de la crisis en los precios de las materias primas y productos primarios, otras naciones –que han diversificado sus economías en Asia y no dependen de la exportación de estas materias primas– jalonarán el crecimiento global. Allí están Singapur, India, Vietnam, Indonesia y Bangladesh, pero ninguna de las latinoamericanas, con excepción de México, que se ha vuelto el destino de importantes flujos de inversión extranjera directa, IED, para desarrollar una infraestructura industrial competitiva.

India es el país con el mayor dinamismo en el mundo al recibir en 2015 uno de los mayores flujos de IED y tiene un crecimiento previsto para 2016-2017 de entre 7 y 7,75 por ciento, según el gobierno. El trabajo de la consultora PWC, ‘The World in 2050, Will The Shift in Economic Power Continue’, publicado en enero de 2015, que proyecta las economías a los años 2030 y 2050, indica que para 2030 India será la tercera economía del mundo después de China y Estados Unidos y para 2050 la segunda después de China. En esas proyecciones, las otras dos estrellas serán Indonesia y Nigeria, y en América Latina Brasil y México.

La dinamización de la economía mundial estará en el corto plazo a cargo de los países asiáticos y Estados Unidos, pero en el mediano se debe tener presente el desenvolvimiento de Brasil, México y Nigeria.

 

*Carlos Ronderos, Exministro de Comercio Exterior