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Cuba entra a jugar

Por: 
Antonio F. Romero Gómez*

Al restablecer relaciones con Estados Unidos, el país caribeño empieza a replantear el panorama económico en la región. Sin embargo, deberá recorrer un camino largo y lleno de obstáculos.

En Cuba se han puesto en marcha cambios que afectan diversas esferas del modelo económico y social de la nación. Las transformaciones económicas implican modificaciones en las relaciones externas del país y retos institucionales. Bajo la denominación de ‘actualización del modelo económico’ se han introducido en Cuba disímiles transformaciones desde 2011. Se destacan varias que tienen como propósito el redimensionamiento de estructura de propiedad y escala de producción de la economía nacional, abriendo y promoviendo un escenario donde el mercado cumple un creciente papel en la vida nacional. Como resultado de las an
teriores dinámicas 
empiezan a consolidarse formas no estatales de propiedad y gestión, incluyendo la proliferación de nuevos emprendimientos que ya pueden clasificarse como pequeñas y medianas empresas. También se han dado modificaciones en el sector agropecuario que tienden a fortalecer y desarrollar entidades cooperativas y privadas, reformándose así el sistema de distribución y los mercados agroalimentarios. Adicionalmente, se impulsan nuevas modalidades de organización y dirección de las empresas del Estado, ampliándose un sector de cooperativas no solo constreñido a la rama agropecuaria. Al mismo tiempo, se impulsa la celebración de contratos entre las entidades privadas que emergen y las instituciones del sector público de la economía, haciéndose mucho más heterogéneo el tejido económico y social del país. Estas transformaciones se verifican también en la inserción internacional de Cuba. Se ha registrado un incremento en la tasa de apertura al exterior, y se ha modificado la estructura de las ventas externas del país, ganando espacio dentro de estas algunos rubros que incorporan mayor valor agregado. Desde 2009, el saldo de la cuenta comercial de bienes y servicios ha sido superavitario por el excedente en la exportación de servicios comerciales hacia varios países en desarrollo (además del turismo internacional, los ingresos fundamentales provienen de la exportación de ‘servicios profesionales’). En marzo de 2014, la Asamblea Nacional aprobó una nueva política para la inversión extranjera en Cuba, y se ha avanzado en las primeras etapas para la conformación de la llamada Zona Especial de Desa- rrollo del Mariel, puerto de aguas profundas estratégicamente situado en la costa noroccidental del país, que tiene como propósito no solo convertirse en un punto de transbordo de carga internacional en un escenario posampliación del Canal de Panamá, sino también en polo articulador de encadenamientos productivos y logísticos. Esto ocurre al tiempo que se avanza en la negociación para la firma de un acuerdo de diálogo político y cooperación con la Unión Europea, y cuando después de varios meses de conversaciones secretas, los presidentes de Estados Unidos y Cuba decidieron restablecer los vínculos diplomáticos bilaterales, un primer paso con miras a ‘normalizar’ las relaciones. El nuevo escenario económico que va configurándose en este país, y sobre todo los efectos potenciales de una futura normalización de las relaciones con Estados Unidos, ha generado temores en sectores empresariales de la región caribeña, en el sentido de que Cuba sustituya a algunos países como destino del turismo proveniente de Estados Unidos, al tiempo que empresas cubanas o residentes aquí desplacen a suministradores caribeños de ciertos bienes y servicios que satisfacen la demanda del mercado estadounidense. Se prevé que Cuba atraiga capitales estadounidenses desviando potenciales flujos de inversión norteamericanos anteriormente destinados a otras naciones; igualmente, que el país compita ‘en mejores condiciones’ que las economías del Caribe, por los muy escasos flujos de cooperación al desarrollo, otorgados por fuentes oficiales del gobierno de Estados Unidos. Aunque debe reconocerse la multiplicidad de impactos regionales que pudiera tener este nuevo escenario en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, esos temores desconocen la diferencia entre ‘restablecimiento de relaciones’ y ‘normalización de relaciones económicas’, y se enfocan en los llamados ‘efectos estáticos’ derivados de los procesos de creación o desviación de flujos de comercio e inversión, y por ende no toman en consideración los efectos dinámicos y a más largo plazo que beneficiarían a diferentes agentes económicos caribeños. Así, habría espacio para una potenciación de las relaciones de Cuba con el Gran Caribe en este nuevo contexto, considerando su ubicación geográfica, la dimensión económica no despreciable del país en términos relativos, su coeficiente de apertura económica externa, las restricciones de oferta y de competitividad todavía presentes en muchas de las empresas locales, y los requerimientos de flujos de inversión extranjera para apoyar la reconversión productiva y tecnológica que requiere la planta de producción cubana. Va emergiendo un consenso en el sentido de que existen posibilidades de complementariedad en el sector turístico al incorporarse ahora el ‘destino Cuba’ como eslabón fundamental de esa industria. Un escenario hipotético de relaciones económicas normales entre Cuba y Estados Unidos probablemente implicará una participación relevante de empresas y capitales norteamericanos en las transacciones económicas externas cubanas. Todo apunta a que en el corto y mediano plazo esto tendría más efectos de ‘creación’ que de ‘desviación’ de comercio entre Estados Unidos y el Caribe, abriendo mayores oportunidades de inversión para toda la región.

*Profesor titular y presidente de la Cátedra de Estudios del Caribe ‘Norman Girvan’, de la Universidad de La Habana.